Y un elefante rosa sostiene una vela, iluminando el cielo, para que todas las niñas perdidas de noche puedan encontrar el camino de vuelta a casa.
Y la guerra fría empezó. Si él no me escribe, yo no le escribo. Y no lo hago por pendeja, estoy cansada. Y no nos escribimos nunca más y así terminó lo que nunca empezó y los dos nos quedamos sin saber lo que podría haber sido ver a nuestras almas colapsar. Si no estás a la altura ni siquiera lo intentes.

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