Y un elefante rosa sostiene una vela, iluminando el cielo, para que todas las niñas perdidas de noche puedan encontrar el camino de vuelta a casa.
Jamás nos vamos a calmar. Jamás podremos calmarnos y ni Dios nos quiere calmar. La cabeza no se calla y el cuerpo te empieza a odiar. Te quiere matar desde adentro. Duele la humanidad. Veo crecer historias en las luces y me quiero meter. Ya no aguanto más. Cualquier destello me pinta bien. Somos saqueadores de momentos. Eso es todo y nada más. Romper en tu cara tu pelotudés más preciada. Están tan atados, tan atados, tan atados. Tan abajo que se dejan pisar. No concluyas mis oraciones, lo nuestro ya está todo dicho. No me puedo calmar. 

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