Y un elefante rosa sostiene una vela, iluminando el cielo, para que todas las niñas perdidas de noche puedan encontrar el camino de vuelta a casa.

Qué feo es que el agua se me escape entre las manos. Si quiero tapo el universo con un dedo pero no me puedo guardar agua en los bolsillos. Quiero poseer galaxias entre mis pestañas para verlas más largas y me vuelve loca ni siquiera poder alcanzarlas. Cuando me pongo así necesito dispararle a algo y sería mejor no tenerte cerca. Estoy hablando desde el centro de magia negra que habita en mi cerebro y ese no es un lugar seguro para nadie. Solo escucho cuando puedo y en mi cabeza ahora retumba el sonido de las balas penetrando tu cráneo. Balas que no existen porque mi arma es de juguete. La mugre que separa mis zapatos del suelo es la medida suficiente que necesito para distanciarme del mundo real y sentir que no estoy acá. Es la distancia perfecta a la que quiero tener tu cuerpo del mío. 


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