Y un elefante rosa sostiene una vela, iluminando el cielo, para que todas las niñas perdidas de noche puedan encontrar el camino de vuelta a casa.
Hola, chico del espacio. No sabés cuánto me alegro de que tu nave se haya estrellado contra mi cabeza. Sí, no hay problema, esos pensamientos que pisaste se podían destruir. ¿Y qué más da? Descubrimos al quebrar mis huesos que estoy hecha de polvo lunar. ¿Te gusta mi cráneo? Tomá, te lo podés llevar. Me gustaría ser más inteligente para poder recordar los nombres de todas las estrellas que me hiciste ver con los ojos cerrados.


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