Y un elefante rosa sostiene una vela, iluminando el cielo, para que todas las niñas perdidas de noche puedan encontrar el camino de vuelta a casa.
Trotar con golpes pesados y eufóricos a través del océano. Lleno del encanto de delfines. Suelo de brillantina plateada. Atravesar nubes con la velocidad de un rayo que no busca dañar. Entender que las olas son las ganas del agua de danzar y que el viento nos quiere empujar siempre más allá. Me estoy convirtiendo en un animal. En un flamenco láser que nació del petróleo. Duré poco porque soy un freak y me mandaron a matar. Reencarné en gato. Ahora sólo deseo ser un gato. Siempre desee ser un gato. Si fuese un gato lamería mi cuerpo mientras la música que está sonando de fondo altera mi mente felina y dominadora. Y sueño con destrozar pajaritos. Me pierdo en su mirada. La miro a los ojos y comienzo a ver mil demonios en ellos pero a la vez es toda inocencia. Le expliqué con señas que no es a ella a quien amo, sino a la idea que representa. En otras palabras, soy yo, nadando en ácido, teniendo una conexión cósmica con mi gata. Ella quiere que me deje llevar, y sea una más, y viva una vida simple como la de ella. Me contó que controla Marte con el control remoto de mi tele.


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