Y un elefante rosa sostiene una vela, iluminando el cielo, para que todas las niñas perdidas de noche puedan encontrar el camino de vuelta a casa.
A veces me pregunto si no seremos nosotros los que arruinamos todo y luego culpamos de la vida. Es difícil aceptar que cargamos algo tan heavy en la cabeza, pero siempre está ahí. Nuestra mente así de admirable y así de perversa. Convencida de que a donde escapemos nos va a seguir. No deberíamos preocuparnos de nuestro corazón. No. Él nunca importó porque siempre está dispuesto al martirio. La fragilidad y el peligro de caos reside en nuestra mente. Sobrevivo con la mismísima anarquía dentro mío. Viví diferentes vidas en una sola vida. Fui diferentes personas muchas veces. Y siempre llené mi corazón con nada. La que carga con todo es mi mente. Pero recién ahora lo entiendo por primera vez: no es un crímen ser sensible. No quiero vivir con miedo, quiero sentir que estoy flotando.


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