Y un elefante rosa sostiene una vela, iluminando el cielo, para que todas las niñas perdidas de noche puedan encontrar el camino de vuelta a casa.

Vos también podés sentirlo. Me mirás bailar. No quiero que mires. Quiero que vengas acá. Después de todo vamos a seguir bailando hasta acabar. Estamos bailando para liberarnos del lugar. Nuestros cuerpos reales trascienden las paredes. Respondemos igual ante las variaciones del sonido. Quiero mi pelo en tus manos. Tu boca en mi cuello. Sucede. Es el sonido que nos encontró. El sonido es sangre que corre entre vos y yo. Bombea. Lo siento latir sobre tu piel. Estamos cantando hasta hacernos llorar.


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