Y un elefante rosa sostiene una vela, iluminando el cielo, para que todas las niñas perdidas de noche puedan encontrar el camino de vuelta a casa.
Te salvé de la venganza de la luna. Cada vez que lo intentaba, perdías. Estiré mis manos al cielo y le rogué. Supongo que de ahora en más la noche te dejará en paz. Derramé lluvia plateada sobre nosotros dos. Quizá mañana cuando se seque nuestra ropa tengamos una armadura. No te diste cuenta pero te fui hipnotizando. Los acordes que toqué para vos en mi piano fueron tu sentencia. La luz del sol selló tu salvación. Te liberé de la luna atándote a mí.


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